domingo, 20 de abril de 2014

Zaire

Los primeros casos se empezaron a detectar en Paris, Madrid y Berlin, donde la última ola de atentados había sido casi simultánea. Habían sido explosiones pequeñas, siempre en lugares con alta concentración de multitudes, como iglesias, estadios y áreas turísticas; sin embargo, en la mayoría de los casos no se habían reportado víctimas fatales (a excepción de los propios terrorista). Al ser casos aislados y con poca repercusión mediática, las averiguaciones se habían concentrado en saber cómo se habían introducido los terroristas a los recintos, por lo que nadie imaginó que el verdadero objetivo del atentado seguía latente.

Primero fueron unos pocos casos en Madrid, lo que despertó las alertas de la OMS. Como existen fuertes flujos migratorios desde África hacia España, inicialmente se sospechó que era simplemente un brote esporádico traído por migrantes ilegales. Sin embargo, no se habían reportado casos de la enfermedad en esta población, aunque bien pudieran estarse ocultando para evitar ser identificados. Conforme los días pasaron, se seguían reportando más y más casos, pero los epidemiólogos no podían encontrar relaciones claras entre todos los enfermos. Poco tiempo después empezaron a reportarse casos en ciudades de China, Japón y Estados Unidos, y el único vínculo que tenían los infectados era el haber viajado recientemente a Europa o conocer a alguien que lo había hecho. Apenas una semana después de la confirmación de los primeros casos (tres semanas después de los ataques) ya había más de 600 infectados y 490 fallecidos, pero se temía que la cifra aumentara significativamente debido a que la época invernal incrementa el contacto físico entre los afectados.

Un mes después, los casos confirmados habían ascendido a más de 12,000 regados en más de quince países: el peor brote de ébola jamás reportado. Aunque los esfuerzos de contención habían sido parcialmente exitosos en Europa y Estados Unidos, se seguían reportando casos nuevos en China, México, Brazil e Indonesia. Al final del brote, más de 25,000 personas de veinte países habían fallecido.

Las pruebas forenses confirmaron las sospechas de un ataque biológico: en los restos de 4 de los 5 terroristas se había encontrado la temible cepa Zaire del virus. Las explosiones no habían tenido como objetivo simplemente causar pánico, sino esparcir el virus que fluía en las venas y visceras de los terroristas entre la mayor cantidad de gente posible. Y lo habían conseguido.