La Casita De Terror De La Adriana
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martes, 11 de agosto de 2015
domingo, 26 de julio de 2015
Demonología sumeria, babilónica y asiria
Entre los dioses de la antigua Sumeria podemos encontrar a Enlil, el Señor de la Tormenta (dios principal del panteón sumerio), Ninlil (la diosa del aire), e Inanna (la diosa femenina de la fertilidad, la guerra y la sabiduría).
Sin embargo, había también monstruos, como Tiamat, el demonio primordial del caos y el océano que fungía como el antagonista principal en el mito babilónico de la creación: Enuma Eliš. Otros dioses malévolos y oscuros estaban presentes en su cosmología, aunque ninguno más vil que Ereshkigal, la diosa de Irkalla o el inframundo sumerio, junto con Nergal (el dios de la peste).
Ereshkigal era la tirana que gobernaba Irkalla y era la jueza principal de los muertos. La historia del descenso de Inanna al inframundo ofrece un vistazo a la maldad de Ereshkigal:
Inanna, más conocida por su nombre acadio de Ishtar, logra derrotar las maquinaciones de Ereshkigal y vuelve al mundo de los vivos. Para su dolor, Ereshkigal amenaza Inanna con una demostración de su poder, enviando a su ejército de muertos a la tierra como una peste caminante que destruía todo a su paso.
Para sus enemigos, las hordas asirias debieron haber parecido el voraz ejército de los muertos de Ereshkigal, ya que eran una nación de cruentos guerreros. A pesar de que su ascenso fue lento y su caída espectacular, los asirios dejaron una marca indeleble en las regiones que conquistaron. Aunque, más que otra cosa, propagaron miedo.
Prueba de lo anterior es que los primeros judíos volvieron a los dioses asirios demonios: Astarté (la versión asiria de Ishtar) se convirtió en Astaroth: el príncipe heredero del infierno. Del mismo modo, la asiria Bel, llamada Baal por los cananeos, se convertiría en Belcebú: el demoníaco "Señor de las Moscas."
Sin embargo, además de estas versiones occidentalizadas de los demonios asirios, el panteón de esta civilización incluía una gran cantidad de deidades oscuras y otros entes sobrenaturales, como los ekimmu, un tipo de fantasmas chupa sangre ("vampíricos"), o los lilu y lili acadios, que eran demonios masculinos y femeninos que probablemente sirvieron de inspiración detrás de Lilith en el Antiguo Testamento. Entre los demonios específicos de los asirios (o que, por lo menos, eran más a menudo utilizados por ellos), se incluyen Ilu Limnu, el "dios del mal", al que nunca se le dan características definidas, y los gallu, o demonio toro.
Los asirios guardaban un gran temor a los brujos o hechiceros, a quienes llamaban invocadores de los muertos ("raisers of the departed"). Sin embargo, por encima de todo, los asirios temían a los ekimmu.
El Ekimmu más famoso en la actualidad es Pazuzu, hijo del dios Hanbi y demonio del viento del sudoeste. Con cuerpo de león o perro, cola de escorpión, alas, patas de ave con afiladas garras y una serpiente como falo, Pazuzu traía hambre y langostas en las estaciones secas. En un extraño giro, Pazuzu era también el rival de Lamashtu ( la diosa que se aprovechaban de las mujeres embarazadas y los niños), y como tal , su imagen se utilizaba a menudo para combatir otros demonios .
Este texto es una traducción libre de "Assyria: Land of Demons" por Benjamin Welton (http://classicalwisdom.com/assyria-land-demons/).
Una refrerencia obligada sobre este tema es el libro "The devils and evil spirits of Babylonia" by Reginald Campbell (1876-1941), publicado en 1903. Actualmente este libro está disponible (en inglés), a través de The Internet Archive: https://archive.org/details/devilsevilspirit01thomuoft
Sin embargo, había también monstruos, como Tiamat, el demonio primordial del caos y el océano que fungía como el antagonista principal en el mito babilónico de la creación: Enuma Eliš. Otros dioses malévolos y oscuros estaban presentes en su cosmología, aunque ninguno más vil que Ereshkigal, la diosa de Irkalla o el inframundo sumerio, junto con Nergal (el dios de la peste).
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| Ereshkigal |
Ereshkigal era la tirana que gobernaba Irkalla y era la jueza principal de los muertos. La historia del descenso de Inanna al inframundo ofrece un vistazo a la maldad de Ereshkigal:
Desnuda y subyugada, Inanna entró en la sala del trono
Ereshkigal se levantó de su trono
e Inanna se dirigió hacia ella.
El Annuna, los jueces del inframundo, la rodeaban
y empezaron el juicio en su contra.
Entonces Ereshkigal posó en Inanna el ojo de la muerte
y habló en contra de ella con palabras llenas de ira
y pronunció contra ella el grito de la culpa
y la golpeó.
Inanna se convirtió en un cadáver.
Un pedazo de carne podrida.
Y fue colgada de un gancho en la pared.
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| Innana y Ereshkigal |
Inanna, más conocida por su nombre acadio de Ishtar, logra derrotar las maquinaciones de Ereshkigal y vuelve al mundo de los vivos. Para su dolor, Ereshkigal amenaza Inanna con una demostración de su poder, enviando a su ejército de muertos a la tierra como una peste caminante que destruía todo a su paso.
Para sus enemigos, las hordas asirias debieron haber parecido el voraz ejército de los muertos de Ereshkigal, ya que eran una nación de cruentos guerreros. A pesar de que su ascenso fue lento y su caída espectacular, los asirios dejaron una marca indeleble en las regiones que conquistaron. Aunque, más que otra cosa, propagaron miedo.
Prueba de lo anterior es que los primeros judíos volvieron a los dioses asirios demonios: Astarté (la versión asiria de Ishtar) se convirtió en Astaroth: el príncipe heredero del infierno. Del mismo modo, la asiria Bel, llamada Baal por los cananeos, se convertiría en Belcebú: el demoníaco "Señor de las Moscas."
Sin embargo, además de estas versiones occidentalizadas de los demonios asirios, el panteón de esta civilización incluía una gran cantidad de deidades oscuras y otros entes sobrenaturales, como los ekimmu, un tipo de fantasmas chupa sangre ("vampíricos"), o los lilu y lili acadios, que eran demonios masculinos y femeninos que probablemente sirvieron de inspiración detrás de Lilith en el Antiguo Testamento. Entre los demonios específicos de los asirios (o que, por lo menos, eran más a menudo utilizados por ellos), se incluyen Ilu Limnu, el "dios del mal", al que nunca se le dan características definidas, y los gallu, o demonio toro.
Los asirios guardaban un gran temor a los brujos o hechiceros, a quienes llamaban invocadores de los muertos ("raisers of the departed"). Sin embargo, por encima de todo, los asirios temían a los ekimmu.
El Ekimmu más famoso en la actualidad es Pazuzu, hijo del dios Hanbi y demonio del viento del sudoeste. Con cuerpo de león o perro, cola de escorpión, alas, patas de ave con afiladas garras y una serpiente como falo, Pazuzu traía hambre y langostas en las estaciones secas. En un extraño giro, Pazuzu era también el rival de Lamashtu ( la diosa que se aprovechaban de las mujeres embarazadas y los niños), y como tal , su imagen se utilizaba a menudo para combatir otros demonios .
Este texto es una traducción libre de "Assyria: Land of Demons" por Benjamin Welton (http://classicalwisdom.com/assyria-land-demons/).
Una refrerencia obligada sobre este tema es el libro "The devils and evil spirits of Babylonia" by Reginald Campbell (1876-1941), publicado en 1903. Actualmente este libro está disponible (en inglés), a través de The Internet Archive: https://archive.org/details/devilsevilspirit01thomuoft
sábado, 25 de julio de 2015
Todo queda igual.
Siempre estoy y nunca tocas:
te quedas ahí, de pie,
junto a la puerta, esperando
que yo, de alguna forma,
te descubra y acuda a secar tu llanto...
que yo, de alguna forma,
te descubra y acuda a secar tu llanto...
Y yo no te veo, me quedo así,
igual esperando que tu alma grite
y mi cuerpo corra a abrazarte
aunque sepa que ya no estás...
Y hoy te sé ahí,
me acerco,
intento que el frío de tu muerte me recorra,
pero nunca estás ahí.
aunque sepa que ya no estás...
Y hoy te sé ahí,
me acerco,
intento que el frío de tu muerte me recorra,
pero nunca estás ahí.
Todo queda igual.
Ilu Limnu
"In my opinion, nothing occurs contrary to nature except the impossible, and that never occurs."
Galileo
"Y así, demuestro que soy 100% natural, 100% ecológico y saludable. De lo contrario, no les estaría hablando, ¿o me equivoco?"
Ilu Limnu
Galileo
"Y así, demuestro que soy 100% natural, 100% ecológico y saludable. De lo contrario, no les estaría hablando, ¿o me equivoco?"
Ilu Limnu
Huesos
Huesos rotos en la tierra,
barro seco que el viento desmorona
y regresa al olvido.
Un músculo que se tensa,
una gota de sudor que resbala
y remoja la ajada tierra.
Tierra saturada de muerte.
Tierra saturada de llantos jamás escuchados.
Tierra saturada de nutrientes que nunca nada aprovechara.
Un hombre que ya nadie recuerda,
me atisba y me alcanza,
me roza. No sé,
qué
hacer.
barro seco que el viento desmorona
y regresa al olvido.
Un músculo que se tensa,
una gota de sudor que resbala
y remoja la ajada tierra.
Tierra saturada de muerte.
Tierra saturada de llantos jamás escuchados.
Tierra saturada de nutrientes que nunca nada aprovechara.
Un hombre que ya nadie recuerda,
me atisba y me alcanza,
me roza. No sé,
qué
hacer.
Hay días...
En que quisiera ser una gran lengua gigante y solo dedicarme a dar cunnilingus, besos negros y mamadas sin parar... Ser un gran órgano sexual cuyo único y permanente motivo de existir fuera dar placer a todas esas personas que en su vida no han experimentado orgasmo alguno o que ya ni se acuerdan de lo que es... No hacerle asco a nadie, disfrutar y dar placer a todos y a cada uno por igual... Hasta que toda la saliva de mi ser desapareciera, me secara, pudriera y quedara olvidada para siempre...
Te he soñado esta noche.
Te he soñado esta noche.
Estábamos al fin juntos,
en una habitación sencilla, luminosa,
de paredes blancas y sábanas que ya no puedo recordar...
Mordía tu pezón,
mi lengua jugando con la piel desquebrajada,
haciéndolo sufrir de a poquitos,
reduciéndolo un poco con mis dientes a veces,
succionando la sangre que de él manaba,
inseguro de si te gustaba
o querías que siempre continuara...
Pero mi estómago lo sentía.
Tu calor, el hervor de saberte por fin dentro de mí.
La duda.
La emoción.
La sensación de estar al fin completo.
No podía ver tu verga porque jamás la vi,
sólo la adivinaba,
chica, minúscula, irrelevante...
Pero aún así te quería dentro de mí,
y aunque jamás llegaríamos a eso,
ahora por fin algo nuevo se había creado entre nosotros...
Acre, inmunda, suave.
Todo giraba alrededor de tu suave y pequeño pezón.
Podía verlo y sentirlo con mi lengua...
Como si mis dedos le hubieran permitido a mi lengua adivinar sus formas...
(¿Recuerdas esa única vez
que me dejaste tocarte,
esa única vez
en la que tan tajantemente me rechazaste?)
(Yo la recuerdo siempre.)
(Es mi recuerdo más vivo de ti.)
(Un rechazo, como los tantos que yo a ti te dí.)
[Hoy vivo sólo con ese recuerdo,
ese breve momento en que pude sentir la piel de tu pecho,
y tú, con una mirada perdida
me decías que no te importaba ya...]
[Mas tu respiración suave,
pausada, incierta,
me decía que en realidad me deseabas tanto
o incluso más que yo a ti.]
Y así, en ese infinito momento,
al fin estábamos juntos.
Nos besábamos,
nos acariciábamos
y éramos felices.
Y simplemente nos quedábamos ahí,
y viajábamos una vez más juntos
en un metro interminable en el que tantas veces nos habían asaltado,
en el que tantas veces habíamos vomitado,
mamado, aguantado, delirado...
Nos apachurraban infinitas multitudes
y teníamos que caminar distancias interminables
para llegar a destinos inciertos.
Pero íbamos juntos, a gusto, los dos completos
y sin necesidad de decir más.
[Y otra vez me has hecho llorar.]
Estábamos al fin juntos,
en una habitación sencilla, luminosa,
de paredes blancas y sábanas que ya no puedo recordar...
Mordía tu pezón,
mi lengua jugando con la piel desquebrajada,
haciéndolo sufrir de a poquitos,
reduciéndolo un poco con mis dientes a veces,
succionando la sangre que de él manaba,
inseguro de si te gustaba
o querías que siempre continuara...
Pero mi estómago lo sentía.
Tu calor, el hervor de saberte por fin dentro de mí.
La duda.
La emoción.
La sensación de estar al fin completo.
No podía ver tu verga porque jamás la vi,
sólo la adivinaba,
chica, minúscula, irrelevante...
Pero aún así te quería dentro de mí,
y aunque jamás llegaríamos a eso,
ahora por fin algo nuevo se había creado entre nosotros...
Acre, inmunda, suave.
Todo giraba alrededor de tu suave y pequeño pezón.
Podía verlo y sentirlo con mi lengua...
Como si mis dedos le hubieran permitido a mi lengua adivinar sus formas...
(¿Recuerdas esa única vez
que me dejaste tocarte,
esa única vez
en la que tan tajantemente me rechazaste?)
(Yo la recuerdo siempre.)
(Es mi recuerdo más vivo de ti.)
(Un rechazo, como los tantos que yo a ti te dí.)
[Hoy vivo sólo con ese recuerdo,
ese breve momento en que pude sentir la piel de tu pecho,
y tú, con una mirada perdida
me decías que no te importaba ya...]
[Mas tu respiración suave,
pausada, incierta,
me decía que en realidad me deseabas tanto
o incluso más que yo a ti.]
Y así, en ese infinito momento,
al fin estábamos juntos.
Nos besábamos,
nos acariciábamos
y éramos felices.
Y simplemente nos quedábamos ahí,
y viajábamos una vez más juntos
en un metro interminable en el que tantas veces nos habían asaltado,
en el que tantas veces habíamos vomitado,
mamado, aguantado, delirado...
Nos apachurraban infinitas multitudes
y teníamos que caminar distancias interminables
para llegar a destinos inciertos.
Pero íbamos juntos, a gusto, los dos completos
y sin necesidad de decir más.
[Y otra vez me has hecho llorar.]
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